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La segunda niñez.

Hace unos días he tenido el honor de que María Elena Cuadrado, una gran bloguera española, me permitiera publicar en su blog este artículo como autor invitado.

Digo que es un honor porque cuando una persona sabe lo que hace, engendra productos de mucha calidad y su blog lo es.

Y que un bloguero incipiente como lo soy yo, pueda escribir en un blog de calidad, definitivamente es un honor y un orgullo.

En la presentación que María Elena hizo al artículo, quiso hacer un homenaje a la Edad Dorada en cabeza mía, lo cual no terminaré de agradecerle y al mismo tiempo creó en mí la idea de escribir un nuevo artículo sobre lo que yo llamo La segunda niñez.

Ciclos de la vida.

La segunda niñez

Foto tomada de google

La vida tiene etapas: Embrión, Feto, Infante, Niño en la primera infancia, Pre adolescente, Adolescente, Adulto Medio y Viejo.

En este artículo vamos a hablar de la vejez.

Todos sabemos que los tiempos están cambiando. Debido a las altas campañas de control de la natalidad en todo el mundo, estamos a punto de tener más “tercera edad” que nunca.

Ahora vemos que los productos, la publicidad, el entretenimiento y los servicios son cada vez más centrados en esta generación de más edad.

Esto tenemos que aprovecharlo los que andamos por aquí, pues es un tiempo maravilloso para crecer más.

Sí, nuestro mundo se está transformando a nuestro alrededor más rápido que nunca y tenemos que evolucionar con él.

Antes, en mi infancia, los hombres trabajaban y las mujeres eran del hogar casi que exclusivamente.

Ahora los hombres han aprendido a cambiar pañales, y las mujeres conducen taxis y pueden ser trabajadoras de la construcción.

Antes solíamos leer más, escuchar la radio y escribíamos cartas en papel; ahora vemos la televisión, hablamos por teléfono y las cartas las escribimos por email o por Whatsapp.

No puedo olvidar los días en los cuales nos sentábamos en familia a escuchar “radionovelas”.

Ahora, en forma separada, las mamás ven “Telenovelas”, los ancianos vemos las noticias, los niños utilizan los video juegos, los jóvenes en las discotecas y casi ninguno soltamos el celular.

Antes los niños y jóvenes teníamos un respeto profundo por los ancianos.

Ahora el anciano estorba; “al cucho hay que enviarlo al asilo”.

Ya he dicho varias veces que mi filosofía es enfrentar a la vida como llegue; no me atrevo a pelear con ella.

Y si la vida dice que así es, pues así hay que vivirla.

Yo no pido ser joven otra vez; todo lo que quiero es ir envejeciendo con dignidad, sin estrés, lleno de amor.

La vejez es el punto de la edad que se acerca o supera las expectativas de vida de los seres humanos y por tanto es donde está más cerca el final del ciclo de la vida humana.

La segunda niñezQuizás es por eso que los adultos mayores (parece que es un término más elegante) tenemos a menudo capacidades regenerativas limitadas y somos más susceptibles a enfermedades y síndromes que los adultos más jóvenes.

“Senescencia” es como se llama al proceso orgánico de envejecimiento y su estudio médico es la gerontología.

Geriatría es el estudio de las enfermedades que aquejan a los ancianos.

Esto solo como apunte y no olvidemos que las personas mayores se enfrentan a otros problemas sociales como la jubilación, la soledad y la discriminación por edad.

La edad cronológica de la vejez.

La edad cronológica que define la “vejez” varía con la historia y con cada cultura. Por lo tanto, la vejez es más “una construcción social” que una “etapa biológica” definitivamente.

También depende mucho del sentimiento individual. Hay personas que se sienten viejas a los 50 años. Yo conozco personas menores que yo, pero más viejas que yo. Eso lo definen ellos mismos.

Estas personas, antes de envejecer, tienden a mover los postes que demarcan importantes etapas de su vida y sienten que están acabados. Yo me niego a eso.

En la preparación de este artículo leí un comentario de alguien que decía que para él, un anciano era una persona mayor a 85 años. Yo estoy de acuerdo; una persona de esa edad ya es un anciano, pero la pregunta es ¿Qué es lo importante, ser anciano o cómo se siente? El envejecimiento está en nuestras mentes.

Pero también leí algo que me intrigó. La expectativa media de vida en el Reino Unido y por extensión en la mayoría de los ricos occidentales, aumenta en más de cinco horas al día todos los días. Yo apenas estoy en mis primeros 69 años, entonces esto como que va para largo.

Eso es bueno y si ocurre, espero llegar con estos ánimos…


Hay una pequeña poesía de Shel Silverstein que encaja muy bien en lo que yo pienso acerca de que la vejez es como La segunda niñez:

El Niño Pequeño y el Viejo

Dijo el niño, “A veces se me cae la cuchara.”
Dijo el anciano, “hago eso también.”
El niño susurró: “Me mojé los pantalones.”
Hago eso también “, se rio el viejito.
Dijo el niño, “A menudo lloro.”
El anciano asintió con la cabeza, “yo también”
Pero lo peor de todo “, dijo el niño,” parece que
los adultos no me prestan atención”.
Y sintió el calor de una mano vieja arrugada.
Yo sé lo que quieres decir “, dijo el viejito”.

Lo lindo de la vejez.

La vejez es una linda etapa de la vida. Para muchos es posible que no llegue a serlo, pero pienso que puede suceder que no trabajaron para ello, nunca sembraron, ni siquiera en el momento que notaron que llegaba.

No es necesario sembrar desde joven; si no se hace, se debe hacer al percatarnos de que el tiempo nos va alcanzando y no hemos llegado a la madurez.

La madurez es indispensable para saber disfrutar lo que nos depara la sabiduría que nos proporciona la edad.

Cuando se es maduro se es sabio y cuando se es sabio se es capaz de distinguir el momento cuando debemos hablar y cuando debemos callar.

Se es capaz de entender que no podemos ni debemos arreglar los asuntos de otras personas.

La experiencia y la sabiduría son un tesoro y es una pena no permitir que todo el mundo participe de él.

Siendo sabio se es capaz de adquirir la paciencia de escuchar las quejas de los demás y de soportarlas con caridad.

Se es consciente de que nuestra memoria se deteriora, pero también seremos más humildes y menos confiados en nosotros mismos cuando la memoria de los demás no coincide con la nuestra.

Aprendemos la lección de que en ocasiones podemos estar equivocados.

A ser simpáticos sin ser sentimentales, útiles sin esperar retorno.

Cuando se es sabio descubrimos méritos y talentos nuestros donde no sabíamos que los teníamos y de otras personas de las cuales pensábamos que no tenían.

Y finalmente, cuando se es sabio se llega a entender y a aceptar que la vida nos regala más cosas bellas de las que apreciamos y que las que no son bellas, son las que nos proporcionan la experiencia y la madurez que nos hace sabios.

Ha sido un placer escribir para ti.

Recibe mi saludo.

Luis Fernando Arteaga.

 

La segunda niñez

Este es un artículo de humor sobre La tercera edad. Leelo aquí.